
El Presidente Trump ha mantenido la posibilidad de acciones militares contra Cuba, aparentemente fortalecido por las intervenciones de su administración en Venezuela e Irán. Tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte del ejército estadounidense en enero, el Sr. Trump advirtió que Cuba era su próximo objetivo. Durante una conferencia de prensa sobre la operación el 3 de enero, el Secretario de Estado Marco Rubio declaró que el régimen cubano debería estar “preocupado”.
Desde el asesinato del líder Supremo iraní, Ali Khamenei, en los ataques estadounidenses contra Irán en febrero, la retórica del Sr. Trump contra Cuba se ha intensificado. El 16 de marzo, en la Oficina Oval, el Sr. Trump expresó a los periodistas su convicción de que tendría “el honor de tomar Cuba”.
“Tomar Cuba de alguna forma, sí”, afirmó. “Tomando Cuba. Quiero decir, ya sea que lo libere, lo tome, creo que podría hacer lo que quiera con él, si quiere saber la verdad”.
“Cuba va a ser la siguiente”, declaró el Sr. Trump a los periodistas el domingo en Air Force One.
El Sr. Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, ha sido más explícito sobre los posibles objetivos de la administración en Cuba. Testificó ante el Congreso en enero, expresando el deseo de ver un cambio de régimen en la isla, lo cual consideró de “gran beneficio” para los Estados Unidos. Semanas después, reiteró que Cuba necesita “cambiar drásticamente”.
El Senador Marco Rubio expresó su preocupación por la situación económica de Cuba, calificándola de ineficaz, y criticó al sistema político y gubernamental por su incapacidad para abordar los problemas subyacentes. En declaraciones realizadas el 17 de marzo en la Oficina Oval, el Senador Rubio afirmó que los líderes actuales carecen de la competencia necesaria para implementar las reformas requeridas y, por lo tanto, es imperativo que se introduzcan nuevos líderes.
El Senador Rubio reiteró la necesidad de reformas económicas y políticas el martes, durante una entrevista con Fox News, indicando que la administración proporcionará más información sobre este asunto en un futuro próximo. Enfatizó que la revitalización de la economía cubana es inalcanzable sin una transformación del sistema de gobierno.
Actualmente, los expertos regionales consideran que las amenazas de intervención militar en Cuba son principalmente retóricas, dado que implicarían un esfuerzo considerablemente mayor en comparación con Venezuela debido a la estructura política de Cuba. Estos expertos sugieren que un escenario más probable implica la implementación gradual de cambios económicos, junto con la eventual renuncia del presidente cubano Miguel Díaz-Canel, a través de la amenaza de colapso económico y otras sanciones.
Paul Hare, exembajador británico en Cuba de 2001 a 2004, compartió su análisis con CBS News, sugiriendo que existen diversas facciones dentro de la administración. Una facción estaría dispuesta a llegar a un acuerdo con la mayoría del gobierno cubano actual si esto facilitara un mayor acceso a las empresas, particularmente a los cubanoamericanos, para que inviertan en el país. Por otro lado, otra facción aboga por un cambio completo de régimen.
La administración Trump ha implementado medidas para obstaculizar la economía cubana mediante la imposición de un bloqueo petrolero. Según expertos, estas acciones han llevado a la isla, gobernada por un régimen comunista, a su situación más crítica desde el colapso de la Unión Soviética, la cual proporcionaba importantes subsidios a la economía cubana.
Ambos gobiernos han mantenido conversaciones diplomáticas. Sin embargo, a principios de marzo, el Presidente Díaz-Canel declaró que aún se encuentran distantes de alcanzar un acuerdo. En una entrevista con NBC, el Viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, afirmó que su nación no considera la acción militar estadounidense como una probabilidad inminente, aunque su ejército se encuentra preparado para cualquier posible agresión. Cossío enfatizó además que el cambio de régimen está “absolutamente” descartado.
La cuestión de cómo podría materializarse un cambio de régimen plantea interrogantes adicionales.
Christopher Hernández-Roy, miembro principal y subdirector del Programa de las Américas en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, sostiene que la “gestión del régimen” representa la “única opción realista”.
El cambio de régimen en Cuba se presenta como un desafío considerablemente mayor que en Venezuela. La estructura de poder vigente en Cuba, consolidada durante casi siete décadas, demuestra una notable pericia en la represión y en la detección de disidencia. Si bien existe la posibilidad de que ciertos sectores dentro del régimen cubano consideren un cambio de rumbo como una opción viable, la facilidad con la que se logró en Venezuela no parece replicable en el contexto cubano. En consecuencia, el proceso de cambio de régimen en Cuba se anticipa como un desafío más complejo y prolongado.
Asimismo, una solución puramente diplomática, desprovista de cualquier forma de coerción, se percibe como una estrategia poco realista para lograr un cambio significativo en el régimen cubano.
La transición del poder de Raúl Castro a Miguel Díaz-Canel en 2018 representó un hito histórico, marcando la primera vez desde 1959 que un miembro de la familia Castro no ostentaba formalmente la presidencia del país. Sin embargo, Díaz-Canel es ampliamente considerado como una figura decorativa, mientras que la familia Castro continúa ejerciendo una influencia considerable sobre los asuntos del Estado.
En este contexto, la eventualidad de que Díaz-Canel asuma un papel más activo en la toma de decisiones no se traduce necesariamente en un cambio sustancial en la dinámica del poder, aunque podría ser percibido como una victoria simbólica por parte de los Estados Unidos.
La incertidumbre persiste en cuanto a la figura que podría intervenir para gobernar el país en caso de una transición. Un escenario plausible contempla la posibilidad de que Delcy Rodríguez asuma el liderazgo de la isla, actuando en estrecha colaboración y bajo la presión de los Estados Unidos, según lo planteado por Lawrence Gumbiner, diplomático de carrera y exembajador de los Estados Unidos en La Habana durante el primer mandato del presidente Trump.
Las acciones iniciales consistirían en la implementación de reformas económicas, según lo expuesto por Gumbiner, quien describió la estrategia de Estados Unidos para ejercer presión sobre un líder alineado con el régimen. Afirmó que el mensaje sería inequívoco, similar al transmitido a la Sra. Rodríguez: cumplir con las directrices establecidas o enfrentar consecuencias.
Gumbiner indicó que las “consecuencias” implican la posibilidad de una intervención militar, aunque considera esta amenaza improbable, así como la potencial presentación de cargos. El Fiscal Federal Principal de Miami ha estado investigando posibles acusaciones contra el liderazgo del Partido Comunista, incluyendo delitos económicos, relacionados con drogas, violentos y violaciones de la legislación migratoria.
Una medida más audaz consistiría en introducir a un individuo externo al régimen que abogaría por modificaciones constitucionales, según lo sugerido por Hare.
Gumbiner comentó que el Sr. Trump muestra menor interés en el cambio político, percibiendo la nación como una oportunidad significativa para las empresas estadounidenses.
“Ya sea en el sector del transporte, el turismo o la construcción, creo que Trump considera a Cuba como un territorio prácticamente inexplorado, donde ha habido una relativa inactividad durante seis décadas, y donde la comunidad empresarial estadounidense puede ingresar y establecer una posición dominante”, afirmó.
El Sr. Gumbiner expresó que es probable que el Senador Rubio busque una transformación más profunda en Cuba que la que el Presidente Trump tiene en mente. Sin embargo, advirtió que existen múltiples factores que dificultan la consecución de dicho objetivo. El exdiplomático señaló que cualquier alteración significativa en la estructura política de la nación requeriría un esfuerzo considerable por parte de los Estados Unidos.
“Es fundamental reconocer que el Presidente Trump no tiene la intención de emprender la construcción de naciones”, afirmó. “Reconstruir Cuba implicaría un proceso de construcción de naciones si se pretende remodelar el país bajo un modelo democrático y pluralista. Por el contrario, implementar cambios económicos graduales resulta más factible”.
En respuesta a la creciente presión ejercida por la administración Trump, el gobierno cubano anunció su decisión de permitir que los ciudadanos cubanos residentes en el extranjero inviertan en empresas ubicadas en la isla. Esta medida representa un cambio significativo para el país, que había impuesto estrictas restricciones a los residentes para la creación de negocios privados hasta los últimos años.
Esta semana, Estados Unidos autorizó la llegada de un petrolero ruso a Cuba. El Presidente Trump indicó el domingo que esta acción se llevó a cabo por motivos humanitarios.
“Deben sobrevivir”, declaró.
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